Puajareando

Después de ese punto empieza la etapa del Puajareo,lo haces porque tienen buenas nalgas, tetas o paquete.

Publicado en Mayo 2018

Después de un tiempo en el mundo feliz, de repente sientes la imperiosa necesidad de compartir lo bien que te sientes dentro de él con tu gente cercana.

Por supuesto nadie quiere ver a sus hermanos, padres o primos en la ondita, pero si a los amigos cercanos, esos que de pronto ves pelear sin razón o que sabes que él o ella andan con alguien más y no porque te lo platiquen, sabes que andan con alguien porque se les nota, se ven como una pareja dispareja.

A ellos son a los que quieres invitar al lifestyle, por lo bien que fluye la comunicación con tu pareja y lo bien que la pasan cuando hay una tercera, cuarta o décima persona. Sin embargo, una vez que caes en cuenta que el simple hecho de proponerlo te puede costar la amistad, cesas en el empeño, es en ese momento cuando empieza el taboo de convertir vainillas, es ahí cuando te parece buena idea invitar a una pareja vainilla -o a todas- al ambiente solo porque tú sabes lo bien que la pasamos aquí.

Después de ese punto empieza la etapa del Puajareo, ese punto en el que ya no lo haces en nombre del altruismo, lo haces porque es guapa o guapo, lo haces porque tienen buenas nalgas, tetas o paquete, porque te gustaría que te metiera ese apéndice que trae entre las piernas, porque te encantaría verla desnuda o por ver la cara que ponen ambos cuando se lo propongan tu y tu pareja.

El Puajareo es cuando ves la cara de tu pareja observando detenidamente al wey de ojo claro y buen físico que está en la fila de al lado en el aeropuerto, el cine o el teatro y en su rostro se dibuja esa mirada que te dice, me encantaría tenerlo encuerado para jugar con él, y solo atinas a decirle “HAY MI AMOR YA ESTAS DE PUAJARA”.

O que tal el momento donde están ambos en la junta de la escuela y llega la nueva “miss” de tu hijo o hija y esa chica de turgentes senos y sonrisa encantadora nombra a tu hijo y tu marido te pide que recojas tu la boleta porque su erección no le permite caminar y solo atinas a decirle, “PINCHE PUAJARO”.

Puajareando un neologismo by Tinos.

Generaciones en la Ondita

Ahora es común encontrar en la misma reunión a más de una pareja que no han llegado aún a los 30 años

Publicado en abril 2018

Una de las principales razones por las cuales las parejas se aventuran en este estilo de vida, es buscar el ingrediente que hacía falta en una relación que comenzaba a ser víctima de la monotonía, la rutina, o el aburrimiento. Muchas parejas han encontrado aquí la emoción de “la primera vez”. El primer beso, la primer salida, el coqueteo, la aventura, y los nervios que el paso de los años erosiona en las relaciones.

Sin embargo cada cabeza es un mundo, y cuando se trata de dos personas, se multiplican las razones por las cuales la ondita puede presentarse tan apetecible para quienes viven en el mundo vainilla.

Otras parejas vienen no por recuperar algo que perdieron, sino por algo que complemente. Es decir, tienen una relación estable y feliz, pero buscan un extra que la haga todavía mejor. Éstas son las parejas que deciden explorar su sexualidad llevadas por la curiosidad, o la emoción de probar un juego nuevo. Estas parejas gustan de retar sus propios límites y encontrar nuevos horizontes.

Resulta evidente que en los últimos años ha bajado considerablemente el promedio de edad de las parejas que deciden adentrarse en este lifestyle. Ahora es común encontrar en la misma reunión a más de una pareja que no han llegado aún a los 30 años, algo que hace una década era muy difícil de ver. Es decir, no era tan raro como encontrar dos unicornios en la misma fiesta, pero encontrar a dos o más parejas jóvenes era más la excepción que la regla.

Las parejas más jóvenes difícilmente llegan aquí por escapar de la rutina o la monotonía. En general las atrae la posibilidad de trascender convencionalismos, encontrar nuevas aventuras, y muchas veces es más simple: buscan satisfacer su curiosidad y disfrutar su sexualidad.

El caso es que se ha vuelto un tema generacional, que no brecha. Ahora es muy común encontrar parejas que comienzan en La Ondita siendo novios, o con muy pocos años de matrimonio. Incluso han aparecido algunas bodas swinger con nuevos votos matrimoniales, donde se prometen compartir una vida de aventuras, fantasías y libertad sexual acompañados de su grupo de amigos libertinos, que aceptan encantados ser sus cómplices de travesuras.

El Oscuro Mundo Vainilla

Tal vez el mundo sórdido, malicioso y retorcido es justo aquel del que muchos venimos huyendo: el mundo vainilla.

Publicado en abril 2018

La normalidad de nuestras noches en La Ondita se va en fiestas, reuniones, encuentros, aventuras memorables y algunas copas. Pero nuestros días suelen ser mucho más tranquilos. Nuestra cotidianidad transcurre con una cierta calma que resulta también necesaria para balancear las desveladas de los fines de semana, y es casi una regla general que las parejas Swinger comparten una complicidad tal que la sonrisa causada por las aventuras vividas, aunque sean esporádicas, suele permanecer por muchos días después.

Por otro lado, los swingers estamos acostumbrados a ser algo así como las ovejas negras de la sociedad. Somos un tema que está en boca de muchos, y sabemos con certeza que muchos conocidos nuestros tendrían cabida en nuestro mundillo feliz. En muchas ocasiones hemos pensado lo mucho que podrían beneficiarse algunas relaciones si compartieran las aventuras, el misterio, y la complicidad que ya mencionamos.

Y aún así, seguimos siendo, para el grueso de la sociedad, los parias. Los raros. Los que vivimos el mundo sórdido, oscuro y decadente del libertinaje. Durante algún tiempo me resigné a cargar con el estigma anónimo de saber lo que la sociedad piensa de nuestro estilo de vida.

Sin embargo, en una ocasión que me aventuré a sacar el tema de La Ondita en una conversación vainilla ratifiqué que en realidad este ambiente no es para todos. Y no, no voy a hablar del tema por demás sabido de los ingredientes necesarios para tener razonables probabilidades de éxito al adentrarse en estas turbulentas aguas, como la confianza, la comunicación, la búsqueda conjunta de nuevos horizontes, etc.

La nueva razón que descubrí es que muchos vainillas buscan aventuras sexuales, si, pero aderezadas con mentiras. Es decir, el tema del coito es importante, claro, pero lo que les resulta más atractivo es saber que están haciendo algo indebido. La adrenalina del riesgo a ser descubiertos. Saben y están conscientes de la traición que su aventura implica, y es justo ese ingrediente lo que les resulta encantador. Por otro lado, hay quienes gustan de seguir perpetuando el personaje del “todas mías”. Del Don Juan de vecindad que se acuesta con todas solo porque puede, y que mantiene a su mujer marginada. Machismo pues. Y en el otro lado del espectro, también aparecen mujeres que buscan un amante por el puro hecho de saber que pueden, y disfrutan el “empoderamiento” de tener la sartén por el mango y hacer todo a espaldas del marido, y también, solo por que pueden.

Luego de conocer estas nuevas perspectivas caí en cuenta de que tal vez el mundo oscuro no es el swinger. Tal vez el mundo sórdido, malicioso y retorcido es justo aquel del que muchos venimos huyendo: el mundo vainilla.

Tal vez por eso nuestros días normales transcurren con tranquilidad. Porque las aventuras las compartimos, los juegos son en pareja, y no hacen falta dosis de adrenalina conseguidas a escondidas para sentirnos vivos.

Tal vez por eso aquí hemos encontrado fabulosas amistades y extraordinarios compañeros de juego. Porque aquí nos gustan muchas cosas, y practicamos actividades muy curiosas, pero la traición nunca es una de ellas.

Clases de Swingers

Para bien o para mal, nos encanta ponerle etiquetas a todo

publicado en marzo

Etiquetas. Para bien o para mal, nos encanta ponerle etiquetas a todo. Para definir la música que nos gusta, la comida, los tipos de películas, y para no perder la costumbre, también usamos ávidamente las etiquetas en La Ondita.

Las clasificaciones que más usamos son tres. Parejas, unicornios y singles.

Hemos hablado ya en el podcast sobre estas tres formas principales de swingear, y cada una tiene sus características y su propia personalidad. Mientras que una pareja puede jugar de muchas maneras, se entiende que el juego y la fantasía es de dos. Lo que nos lleva a las siguientes figuras.

Las unicornios. Son tan raras y anheladas que de ahí deriva su nombre, tal como las criaturas mitológicas casi imposibles de encontrar. Y el set de “reglas” que envuelve a una unicornio es muy amplio. Una chica unicornio tiene la ventaja insuperable de poder jugar casi en cualquier escenario. Con parejas, con chicos solos, con chicas solas, en grupo, y básicamente encuentran espacio en casi cualquier fantasía. Personalmente me sorprende que siendo el grupo que potencialmente más podría divertirse en el mundo swinger, sean también el más escaso. Sin embargo este será tema a tratar en otra ocasión.

Al final de las clasificaciones principales están los singles, quienes al contrario de las unicornios, abundan en cantidades casi industriales. Lo hemos comentado muchas veces, es solo cuestión de dar un vistazo y de inmediato aparecen dos o tres singles atentos, listos y dispuestos a atender los llamados que una pareja, o una chica sola puedan hacerles. Esta figura es la que, en general, menos control tiene al momento de definir las fantasías ya que generalmente son las parejas, o las unicornios, quienes tienen la prerrogativa de elegir con quién si, y con quien no. Incluso en el núcleo de las parejas quien normalmente toma la decisión final son las mujeres, por lo que los singles están generalmente sujetos a las elecciones de las chicas.

Al ser los singles una categoría en si mismos, tienen su propio set de reglas. Me parece que la más común, o al menos la mas invocada, es aquella de la cual un “buen” single se vanagloria: “se mi papel de tercero”. Es decir, desde el principio un single sabe que es un accesorio en la fantasía de alguien más, y está feliz de ser parte de ella. Ya después aparecen otras características que suelen ondear como estandarte de guerra: la solvencia y las dotes físicas, pero esto también será tema para otra ocasión.

Así que la intención de este artículo es arrojar un poco de luz sobre un tipo de Swingers a quienes las tres etiquetas mencionadas no alcanzan a describirlos adecuadamente, me refiero a: Los Swingers sin pareja.

Y entonces, ¿qué podría diferenciarlos de las unicornio o de los singles? La respuesta es muy sencilla, la perspectiva desde la cual se aborda el ser Swinger.

Una pareja, al navegar las impredecibles aguas de La Ondita, generalmente lo hacen compartiendo entre sí los juegos, las fantasías, y la complicidad. Pero también comparten con los demás aquello que es lo más preciado para cada uno: su pareja. En este sentido es perfectamente comprensible que una pareja maneje las precauciones que considere pertinente antes de decidirse jugar con otras parejas, y más aún con una chica, o chico solo. Los Swingers protegen casi religiosamente la integridad física y emocional de su pareja, y así debe ser.

Cuando una pareja decide zambullirse en estas aguas, sabe que está compartiendo lo más valioso que tiene, por lo que en muchas ocasiones eligen parejas similares para la hora del juego. Así los cuatro… o los seis, o los ocho, tendrán una igualdad de circunstancias que deje tranquilos a todos.

Y es en este momento donde aparecen los Swingers sin pareja.

Es decir, aquellas personas que, acostumbrados a vivir La Ondita en pareja, de pronto se encuentran solas, carentes de una contraparte con quien seguir compartiendo el juego y la complicidad, y que no se consideran unicornios o singles precisamente porque entienden el ambiente como una aventura que se disfruta entre dos.

Este escabroso tema lo mencionaron Mariana y Diego en alguna ocasión en Twitter, cuando hicieron una encuesta preguntando a la comunidad qué harían en el hipotético caso de encontrarse de pronto solos, luego de haber pertenecido a la comunidad swingera como pareja. Y de ahí parte esta nueva definición de ser Swinger, cuando una persona encuentra la etiqueta con la que se sienta cómoda en La Ondita, pero simplemente no cumple con las características que le corresponden.

De ahí el camino se torna más difícil de definir. La primer alternativa es adaptarse a uno de los roles disponibles como persona sola (unicornio o single), pero probablemente estos no concuerden con la concepción del lifestyle que se ha forjado ya en la mente y la personalidad de dichos Swingers: éste es un juego de pareja.

La segunda alternativa, que aplica a mediano o largo plazo, es mantenerse fuera de La Ondita mientras se comienza una nueva relación, y ésta madura lo suficiente para que ambos puedan volver a la escena swingera aportando el mismo nivel de compromiso y complicidad que el resto de las parejas.

Y la tercer y más truculenta alternativa. Permanecer en el ambiente sin ser, evidentemente, una pareja, pero sin cumplir los estándares que se esperan de una unicornio, o un single, y comenzar a forjar la definición de esta nueva clasificación de una persona que se considera a si misma como un “swinger sin pareja”.

La conclusión de esta reflexión resulta en comenzar a establecer las características de esta nueva etiqueta, en donde se privilegia la convivencia sobre el juego, la conversación sobre el playroom, y se es parte del lifestyle de forma un tanto satelital, sin involucrarse enteramente para no violentar las reglas del juego, y al mismo tiempo sin asumir un papel solitario, esperando el momento de volver a integrarse “apropiadamente” al juego, poniendo sobre la mesa la igualdad de circunstancias entre parejas que se mencionó antes.